¿Te conozco?

Cuando era chica había un juego tan inquietante como atractivo.  Se trataba de juntar la palma de mi mano de frente con la de otra persona y tocar el borde de los dos dedos a la vez.  Una sensación del propio cuerpo por un lado, y algo de cosa inerte por el otro: se percibía al tacto pero no generaba sensaciones.  Parecía que conocíamos esa otra mano, pero no.

Cuando fui madre y milité el dar la mano para cruzar tenía tan presente cada intersticio de las manos de mis hijxs que podía reconocerlos apelando tan solo a esos detalles.

Luego crecimos todxs y no nos agarramos más.

Hace poco tomé la mano de mi hijo y la sentí ajena, ex manito de bebé, ahora es una mano seria que no quiere ser agarrada por mamá.

No los reconozco por sus manos ya, y tampoco a mis amigxs.

Y me espanté pensando en cómo nos conocemos entre tanta foto expuesta y declamaciones cibernéticas que se contradicen con nuestra emoción.

Tuve un amor que conocía el punto exacto del dulzor que yo deseaba en mi café.  Una amiga carnívora que pide su tostado sin jamón para compartirlo con mi vegetarianez.  Un compañero que levanta su silla con miedo porque sabe que el chirrido me enfurece.

Nunca posteé esos detalles: quienes los conocen los vivieron conmigo.

Y haré una mención aparte, oh flagelo de la tecnología, acerca de que mucha gente que me conoce nunca vio mi letra manuscrita ni yo la suya.

En estos tiempos he recibido versos de amor y planteos de ira en los formatos que propone el sistema: caritas echando humo o corazoncitos entrelazados, diversos textos tipeados con idéntica Helvética, provengan del otro lado del mundo o de mi propia casa.

No reniego de los recursos actuales: los celebro y me apropio de ellos, incluso en este texto.

Sin embargo, eximiendo el romanticismo que implica el cartearse, oh ansiedad estampillas y perfume que brota desde adentro, ese sobre cerrado que esconde tanto misterio y hasta la saliva del remitente…digo que más allá de eso me resulta ofensivo que asumamos conocernos sin saber del otro sus detalles no posteados.

Será mi nueva militancia.

Propondré que me escriban con la letra propia cómo están hoy, qué quieren hacer cuando están solxs, de qué lado de la grieta entre batata y membrillo se encuentran.

Pediré que me permitan escuchar su voz, no por audio: la voz de verdad, que resuena desde algún lado y me hace acordar a cómo habla otra persona.  Que pronuncien esas letras de ese modo que solo es suyo: es el IP de su sonoridad.  Y van a saber cómo hablo yo, nada que ver cuando estoy triste aunque la quiera caretear…por whatsapp ni se nota la diferencia.

Y que sepamos del otrx si anda en bici, si le leían cuentos, si piensa que la poesía es esa cosa de rima y amor o ya se pudo encontrar con la poesía de verdad.

Si se pone el cinturón de seguridad al toque o hay que avisarle, si en el aula le gusta sentarse adelante o ser del fondo.

Si cuando juega le enoja perder o se la banca, si prefiere chocolatada o jugo, si cree que ser madre es lo que hay que hacer, si lo desea, si quiere ser padre.  Cómo le gusta dormir, si se levanta con chinche.

Si cree, como yo, que los besos explican el resto de la persona.  Y qué piensa de la fruta: ¿es postre o solo es fruta?

Creo que conozco cuando exploro y recorro los espacios vedados a quien no quiere conocer.  Y lo mismo pasará conmigo.

Invitaré entonces a mis seres cercanos a reconocernos, con tanto detalle que hay para descubrir, dejando de apelar al recurso de suponer.  De creer que sabemos por lo que venimos posteando.

Porque yo, por ejemplo, nunca posteé sobre mis habilidades jugando al tutti frutti.  Será cuestión de que nos juntemos a jugar, y de paso nos conozcamos la letra.

 

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