No quiero ser mamá

Si hoy me lo preguntás:

No, no quiero ser mamá.

Tengo 34 años.

No tengo pareja.

No quiero “apurarme” para conseguir un “padre”.

No se me pasó el momento (vengo decidiendo que no desde que tengo vida sexual).

No voy a congelar óvulos por si más adelante me arrepiento o “me agarran ganas”.

No me siento incompleta.

Ni vacía.

No creo que mi vida no tenga sentido ni rumbo.

Simplemente, HOY no lo decido.

Y sé que no es una decisión que me determina negativamente.

No vendrá el desgarro del que me hablaron cuando se referían a las mujeres sin hijos.

No creo que los necesite para cuando sea anciana (aunque los tuviera, no les desearía tal carga).

No buscaré familias sustitutas para pasar el domingo.

No toleraré que se burlen de que “tengo demasiado tiempo”.

No dejaré que mujeres con hijos cuestionen mi vida. Porque yo no cuestiono la de otres.

Amo mi vida: mis tiempos para escribir, mi dedicación a la música, mis ensayos, mis encuentros con seres querides, mis ratos acariciando a mi gato, leyendo o escuchando música, mis sábados de teatros, las redes de afecto y cariño que son la razón de mi vida.

Cada vez que me preguntan, los digo más rotundamente: no quiero tener hijes. En parte es verdad. Hoy no lo elijo. Hoy no es un deseo que rige mi existencia. Nunca lo fue. Y nunca lo será.

Y si algún día decidiera ser madre, me gustaría saber que tengo algo más que ofrecer que un miedo atroz a la soledad, a no encajar con los parámetros sociales, a cumplir con una especie de lista de lo que  hay que hacer en esta vida.

Si algún día decidiera ser madre, me gustaría estar a la altura de semejante compromiso. Me gustaría darle a ese ser el tiempo que merece. Me gustaría aprender a conocerlx y respetarlx.

Me fascinaría decidir la crianza con otrxs, y que seamos padrxs coherentes en nuestras decisiones más allá de un vínculo amoroso, no necesariamente obligatorio.

En definitiva, quisiera que fuera un gran proyecto en mi vida. Que fuera amadx y no necesitadx. Que pueda palpar mi anhelo de que crezca en libertad y no un egoísmo rabioso. Que no se sienta mi propiedad.

Pero hoy decido que no. Amo más otros proyectos. Y eso no me lastima. Al contrario, me enorgullece.

Por eso, te pido, cada vez que sin conocerme me preguntes por qué no tengo hijos. Quisiera que antes te preguntes si todos los padres son buenos padres, si no usan a sus hijos para tapar frustraciones, si muchos de sus problemas no se deben a que realmente nunca se permitieron preguntarse si realmente deseaban serlo.

También te pido que antes de mirarme con lástima o pena, te preguntes por qué te sorprende tanto. Qué incomodidad te puede generar la decisión responsable de una persona. Qué mandato no te atreviste a cuestionar, y al ver otras formas de vida te produce tanto ensañamiento.

No estoy en contra de la vida  ni del amor. Te diría que todo lo contrario.

Me emociono cuando amigxs son padres. Me apasiono con su deseo. Me conmuevo con esas vidas únicas e irrepetibles. Y más lo hago cuando lo transitan desde el deseo y el compromiso.

Me gustaría que entre todos rompamos con la trampa de la maternidad. Que sospechemos del heroísmo con el que se la reviste y de las miserias de opresión que encubre. Me gustaría ver madres más humanas y menos sacrificadas. Y padres que asumen el compromiso de igual a igual. Más me gustaría ver crianzas no binarias, solo amorosas y responsables.

Me gustaría que una mujer sin hijos deje de ser un hecho maldito de nuestra cultura. Los mandatos de esta cultura son deprimentes.  ¿Te diste cuenta? Se nos permite todo menos gozar.

Cuestionemos los caminitos atrás de la zanahoria, y hagamos de las pocas decisiones que nos quedan en este sistema, reales opciones de vida.

Y por favor, antes de repetir lo del instinto maternal, pensá un poquito. ¿A qué llamamos instinto? No avales el machismo de nuestra cultura con un biologicismo barato.

Mientras tanto, te propongo, antes de preguntarme con ojitos llorones si quiero tener hijos, o por qué no los tengo, te tiro otra:

vos, ¿hiciste lo que querías?

¿sos feliz?

Ana Marangoni

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