Sinécdoque de Revolución

 

Nuestros machitos adolescentes o pre son la primera tirada de varones que viene con el sello “Ni una menos”

Algunos están muy informados y otros no tienen idea

Comparto genes con uno de 12 años, que me acusa de feminista pero también acusa a sus pares de machistas y cuestiona a sus docentes por no tolerar la diversidad y se deja el pelo largo porque se la banca aunque  le digan nena.  Se fastidia de los que no entienden que el rosa es para cualquiera y se indigna profundamente si se entera de una situación de violencia.

Hace unos días me manifestó: estoy trabajando en vivir como quiero  aunque parezca un virgen.

Un virgen.

Es dura la problemática de estos hombrecitos nuevos que se criaron mirando BEN 10, luchando y transformándose como locos en cualquier cosa.

Aunque en su niñez más asentada conocieron a Zamba que les fue tirando otras líneas de pensamiento, la Play, el Fifa, el GTA sanguinario que les celebra los asesinatos, los juegos en soledad en los que se vinculan a través de auriculares y micrófonos, coparon la escena y los acompañaron en el desarrollo de sus relaciones.

Se trata de una generación que nació con  Youtube y  lo vio crecer y multiplicarse: siguen a esos hiper famosos pibes y pibas que se plantan frente a una cámara y transcurren.

Y sus padres les decimos horrorizados que cómo puede ser que vean esa porquería.  Nosotros, que los sábados a la mañana mirábamos Telematch (¡¡Se peleaban con hisopos gigantes!!)  Que aprendimos a  decir “Ooooso” cuando Marce hacía las delicias de la familia argentina.  Porque claro, esa es una diferencia conceptual elemental: hace 20 años la familia se reunía en torno a la tele a mirar las porquerías todos juntos.  No había uno que se horrorizara porque estábamos todos adentro.

Teníamos amplia variedad de porquerías: programas de chistes misóginos, unipersonales misóginos, películas misóginas.

La década del ´90 tuvo varias aristas.  La misoginia fue de las más sobresalientes.

Y lo light.

La liviandad del pensamiento, la liquidez de las estructuras.

Todo relacionado en pos del objetivo común de medios dominantes, dirigentes de turno y sugerencias del Tio Sam: la carnalidad de esas relaciones no se agotaba en los intercambios diplomáticos.  También copaba las pantallas.  Los discursos.  Los vínculos.

¿De dónde podría haber salido en ese contexto algún varoncito que considerara propia la causa feminista? Y no hablo de hogares represores.  Me refiero a las teles de 20 pulgadas prendidas en el comedor a las 21 hs. en la gran mayoría de los hogares.  ¿Por qué algún niño consideraría que le estaban cercenando sus derechos si lo cargaban por usar una remera rosa? ¡No la usaba!

Entonces pienso en los anhelos revolucionarios.  En la decepción que nos genera cada evidencia de que no se puede hacer la Revolución.

No, no se puede.

Ya sabemos que la Revolución como propuesta integral es la gran utopía detrás de la cual queremos seguir corriendo mientras nos den las patas.

Pero lo que sí puede suceder es la sinécdoque revolucionaria. 

Si funciona en una parte, podrá expandirse.

Mi niño, único varón y para colmo el del medio, avanza con la figura retórica llevando su banderita despacito, calladito.

Si a mí misma, que soy tan progre, me hace tambalear.

Además de que no le importa que le digan virgen, me aclara: “ porque  me quisiste criar como un Tincho”.

Entonces tengo que recurrir a la Comandante en Jefe, mi hija mayor, para desasnarme.  “Tincho es el estereotipo de varón canchero que hace lo que se espera de un varón”  (la vida en mi hogar es un estado de Asamblea permanente.  Demasiadas Revoluciones a la vez, ellos son tres pateando el tablero y yo soy una sola tratando de sostenerlo)

¿De dónde sale un niño de 12 años apropiándose de la causa feminista, cuestionando los estereotipos con los que se crió, acusando a su Santa Madre de no haber hecho valer sus  derechos?

Porque cuando nació tuvo su frazadita celeste.  Ni remotamente consideré llevarlo a ballet o darle una muñeca para que desarrolle su potencial paternidad.  Por el contrario hice todo lo que se espera que se haga con un varón: pelota, autitos.

Sin embargo la potencia de una idea militante, aunque por momentos acallada, encontró ciertos contextos para emerger sutilmente.  Y el nene vestido de futbolista los captó.

No te digo que no veas tele, pero fíjate que la gorda siempre es la más tonta.

Sinécdoques.

Hoy youtube desplazó a la tele para los que tienen menos de 15 años.

Estaba por decirle “no te digo que no veas youtube pero…” cuando me dijo:

Mirá maaaaaaaaaaaaaaa!!! ¡tenés que ver este video! Yo sabía que fulanita la estaba pasando mal, el forro de fulanito la estaba usando. 

Y desarrolla su teoría.

Ya habrá tiempo para hablar de la verosimilitud y la necesidad de diferenciar ficción de realidad, aunque se trate de estos formatos que simulan ser sólo una muestra de la realidad.  Pero mientras tanto mira videos y los cuestiona, discute con los amigos defendiendo su postura, detecta las ofensas (explícitas o solapadas) a las mujeres y trata de esquivar los estereotipos aunque eso le cueste que lo carguen.

Porque él quiere sostener su nueva masculinidad.  Porque es un niño, un pre adolescente, nuevito todavía, moldeable.  Y ya anda cuestionando la estructura patriarcal que lo parió.

Encuentro en este niño  un recurso que habilita una mirada más amable con la Revolución: Una sinécdoque, una parte para definir el todo.

Una parte para empezar hasta llegar a Todo.

Entonces me pienso como una mamá a la que le sigue costando desaprender todo lo que le enseñó  su niñera, su compañera más fiel, la única que siempre estuvo a su lado: la tele.

Así que a eso de las 21 hs. en la mesa de la Asamblea, miro a mis hijxs y siento que ellos parten desde varios escalones más arriba que yo.  Y eso es un alivio.  Así que le damos curso al debate que corersponda, y nos sentamos a comer, enfáticos, potentes y llenos de alegría revolucionaria.

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AndreaBoq

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