Milicos

Leer el Clarín los domingos.
Admitir que con la dictadura había más orden y menos robos.
Creerle a Lanata.
Decir que el servicio militar te hacía hombrecito.
Mirar a la hija de tu amigo y hacerle un chiste sobre lo crecida que está la nena.
Reírse con él del chiste.
Decir que la política es toda una basura.
Decir que la política no sirve y que son todos iguales pero votar siempre.
Decir que son todos corruptos y votar a Macri.
Abortar en una clínica privada y repudiar públicamente el aborto.
Darle a alguien la guita para que aborte en una clínica privada y repudiar públicamente el aborto.
Sentir asco por los negros.
Decirle algo cada tanto a las pendejas desde el auto.
Decir que las pibas de ahora están terribles y quejarse de cómo provocan.
Decir que el femicidio está mal.
Casarse. Tener dos o tres hijos. Comprar una casa con un crédito. Laburar ocho horas por día y no menos. No tener tiempo para más nada. Sentirse orgulloso de eso.
Cumplir los mandatos como órdenes del cuartel.
Indignarse con los que escrachan paredes.
Compartir fotos con encapuchados.
Defender la propiedad privada.
Creerle a la gendarmería aunque te llegue un video con la gendarmería cagando a tiros a la gente.
Irritarse. Mucho. Odiar en nombre de la república.
Hacerte la boluda cuando tu marido te mete los cuernos. Mirar a las solteras como putas y a las putas como desgraciadas.
Envidiar a los que se rebelan. Criticarlos. Insultarlos. Decirles zurditos.
Coincidir con María Laura Santillán.
Pegarle un sopapo a tu hijo.
No hablar de sexualidad ni de sexo con tus hijos. Y mucho menos con tus hijas.
Disociar los sentimientos y la racionalidad.
Ser gorila.
Tener una moral doble, que siempre dice lo que es de gente bien. Y que siempre hace miserablemente.
Reivindicar las películas de humor sobre milicos que se cogían “minas” como Beatriz Salomón.
Mirar mucha tele, todo el tiempo posible.
Hacer chistes verdes, odiar a Cristina por yegua, puta y montonera.
Hablar de recetas, hijos y objetos de decoración, odiar a Cristina por yegua, puta y montonera.
Defender al campo. Hablar del pequeño productor pero defender a los grandes terratenientes.
Contradecirse mucho, todo el tiempo.
Indignarse siempre tarde y a destiempo.
Pedir represión y mano dura con los negritos que roban.
Odiar, en el fondo, categóricamente.
Odiar a los que nos aman o quisieron amarnos.
Odiar a los negros.
Odiar al país por todo lo que debería ser y no es.
Odiarse a sí mismo, profundamente, sin saberlo.
Y justificarse.

Ana Marangoni

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