¿Qué tomás?

La Educación Pública prepara sus manitos para recibir un nuevo azote adocrtinador.

Arrodillada sobre amarillos granos de maíz entrecierra los ojos y con el pecho inflado espera.

Como la Ciudad de Buenos Aires se salvó en los´90  de la Ley Federal de Educación, ahora le toca el chirlo.  Un reglazo se aproxima.

La Escuela Secundaria del Futuro es un nuevo impulso normalizador que hace sonreír al busto de Sarmiento.

Así, con su impronta decimonónica, pero con un lenguaje marketinero, propone primarizar los contenidos secundarios ofreciendo, por ejemplo, áreas de trabajo en reemplazo de las materias.

No caben dudas de la necesidad de reformar la educación secundaria: ésta resulta obsoleta para los adolescentes actuales e inabarcable para docentes y directivos que se enfrentan a problemáticas que los exceden.

Hasta me atrevo a decir que ciertos puntos de la  propuesta son interesantes.

Lo que se advierte como hecho dramático e injustificable es la premura con la que el proyecto se está abalanzando sobre las escuelas (en el inminente 2018 se implementará como “prueba piloto” en 18 escuelas, llegando a la totalidad de establecimientos en 2020)

Sin tomar en cuenta lo que tienen para decir los otros actores, los que verdaderamente están en el aula, la escuela del futuro se presenta como una bajada directa y vertical que llega a docentes y directivos mediante power point y reuniones que no informan, en las que puede encontrarse a una Licenciada involucrada en la formación de los documentos del proyecto llorando impotente ante su propia falta de respuestas a las preguntas de los estudiantes.

Dudas elementales irresueltas: ¿cómo se articulará una planificación grupal de docentes de distintas materias si no existen espacios de intercambio institucional, y los trabajadores de la educación vuelan de una escuela a otra para sumar algo más a su salario?

¿Cómo se implementará el sistema de “créditos”, que no tiene antecedentes de buen funcionamiento, sobre todo en escuelas que utilizan los dos turnos para su cursada? (Escuelas artísticas y técnicas)

Dado que para el último año de secundaria se proponen pasantías, ¿qué empresas están aptas para recibir a los estudiantes, sobre todo en el caso de los que tienen formación específica?

¿Tomaron en cuenta que la Nueva Escuela Secundaria va por su tercer año de implementación, de modo que aún no cuenta con egresados, y ya están planteando una reforma? (ellos la llaman: profundización)  El régimen antiguo de secundaria convive con la NES y ahora con La secundaria del futuro.  Esto implica un desborde administrativo que tampoco está contemplado en la reforma.

Por otro lado, se plantea un cambio de funciones de preceptores, que pasarían a ser tutores (con presencia en el aula) y docentes, que serán facilitadores propiciando el acceso autónomo de los estudiantes a la información.  ¿De qué manera se capacitará al personal en los pocos meses que restan para que este proyecto se concrete en el aula?

A la Escuela del futuro le salen globos por donde se  la mire.

Sin embargo no existe siquiera un plan de estudios ni una normativa disponible.

Con esa necesidad irreverente de defender lo suyo en este contexto tan despiadadamente hostil, los estudiantes cargan en sus mochilitas toda la responsabilidad de la lucha.

Toman colegios y salen a marchar.

En medio de las irrupciones de las fuerzas del orden en las escuelas, el piberío se pone flores en la cabeza y sale a cantar a la calle.

Escuchan el galope cercano de la montada pero no lo reconocen como amenaza.  De modo que no le temen.

Se enteran de que una clase pública es suficiente provocación para reprimir a quienes participan pero creen que al mostrarse aumentan su seguridad.

Son gente de redes sociales, de exposición constante, de viralización.

Entonces desconocen el encriptamiento de la información y las estrategias de preservación.

Nosotros, sus mamás y papás, nos enteramos de todo eso cuando con los ojos muy abiertos empezamos a indagar sobre la dictadura militar.  (Después aprendimos lo de “Cívica”)

Tienen centros de estudiantes, toman decisiones, se organizan en plan de lucha desde la fantasía de ser escuchados por un gobierno que les está preparando la formación como piloto de drones.

Pero no hablamos de eso.

Hablamos, si, de la negativa de muchas familias a que sus hijos participen en charlas “de adoctrinamiento”

No hablamos de que día tras día en varios hogares, aún con las mejores intenciones o por el miedo que les infundieron, las familias alientan a sus hijos para que se hagan a un lado de la lucha.

Y siendo que la Ciudad de Buenos Aires cuenta con una Constitución que avala la participación política (Art. 14  2. ”El derecho a comunicarse, requerir, difundir y recibir información libremente y expresar sus opiniones e ideas, por cualquier medio y sin ningún tipo de censura.”), los chicos están en lo cierto.

Y lo que debe ocurrir es que las familias nos involucremos en esta causa.  Nuestros pibes no pueden quedarse solos expuestos a la salvajada neoliberal.

En los ´90 llamábamos al gorila musulmán para que vea que este Pueblo no cambia de idea: pelea, pelea por la Educación.  Hoy se invoca al bigote represor.

Pasaron muchos años pero las sílabas entran justo.  Despertemos, familias: la canción se actualizó.

 

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AndreaBoq

 

One Reply to “¿Qué tomás?”

  1. Me encantó esa llamada al unirse, a abandonar el miedo y acompañar a estos chicos valientes, que ya lo abandonaron. Esta gente que recién empieza a saber de qué va la vida, promete. ¡Qué enorme satisfacción ver a los hijos en el lugar y la actitud correctas, frente al sinsentido que quiere dirigirnos como si fuésemos títeres!
    Gracias por este repaso a la actualidad que más nos importa y preocupa: la que toca de lleno a nuestros hijos.

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