Terrenal. Pequeño misterio ácrata

Las estridentes marquesinas de la Avenida Corrientes aportan una confusión conceptual: los espectáculos de tenor popular cobran entradas muy caras y salpican vulgaridad.

Entonces parece que algo del Theatrum mundi no está bien representado, porque… siendo una construcción colectiva ¿quién define lo Popular?

¿Aquellos que cuentan con los medios para generar deseos en el Pueblo, y hacerles creer que son genuinos?¿Quienes simplemente optan por la celebración austera y la diversión? ¿Quienes trabajan de interpretar qué quiere la gente? ¿Los que se reúnen para comprender lo que desean?

Reflexionando sobre la paradoja de utilizar lo popular como estrategia de marketing, llegué al Teatro del Pueblo para ver Terrenal.

Se trata de una obra alegórica que representa la tragedia de Caín y Abel, y esa en sí misma es una propuesta contundente para hablar sobre la dialéctica.

Pero qué diferencia se hace en  cómo se habla, en cómo se dice, según el lado del que salgan las palabras.

Partiendo del destacado entrenamiento de clown, mediante el cual los actores sostienen la tensión de toda la platea tan solo arqueando una ceja, con un despliegue de estrategias vocales y de movimiento que magnetizan, con una sucesión de fotografías impecables apoyadas por la potente iluminación, una puesta hermosa y austera, el delicado trabajo musical de extraordinaria coordinación, hasta la involuntaria vibración del subte por las entrañas de la sala, cada elemento que compone esta obra es venerable.

Reescribir las Escrituras implica la responsabilidad de resignificar el mensaje: actualizarlo.

El texto de Mauricio Kartún propone una reivindicación de lo no dicho apelando a la profundidad de los recursos más poéticos, dejando los sentidos condensados en el aire.  El público levanta la cabeza para respirarlos.  Comprende la adjetivación del misterio: ácrata.  Para el Pueblo lo que es del Pueblo.

Estos hermanos cosa y sombra viven inevitablemente uno en función del otro.  Porque el uno crece de a dos y no al revés.  Pero solo uno basta para destruir.

Popular y amoroso, de pretensiones austeras  y valorando las delicias de la vida, el hermano sombra, el torcido, se vincula con el prójimo como un par.  Desconfía de zalamerías y valora el radiante estado larval, ese previo a la explosión de la vida.

Sombrío y obsecuente, el otro hermano, el derecho, siente con pesar la proyección de una sombra oscura, negra, que lo asusta.  Se dedica a defender la Divina Propiedad, construyendo la paz a su medida, con su calibre.

Siempre creando, el Tatita los orienta en una sinfonía de sentimiento que tan solo deberían escuchar, disfrutar y bailar para poder vivir.

Pero el espacio está delimitado y mientras que  de un lado la liturgia surge alegre y espontánea, del otro aparecen los medios para extinguirla.

Así está escrito.

Entonces lo inevitable ocurre, y lo popular se sofoca.  La demarcación del  terreno del individuo que se funda en quejas por el temor de ser corrido  avanza despiadadamente sobre  el prójimo.

Del otro lado no hay queja sino protesta.

Tatita contemplará la aniquilación del Ser en nombre de la Nada.

Hondos suspiros de desesperanza inundan la sala de un silencio espeso y oscuro.

Pero Tata Dios tomó partido.

El germen de la rebeldía se esparce sutilmente por la Tierra y genera un íntimo impulso de Esperanza.

Entonces Terrenal le devuelve al Pueblo el potente ardor de sus utopías.

Lo popular es lo que se elige desde el lado que construye en grupo.  Que debe organizarse entre pesares para sostener su inmanencia ante la propuesta impía de masacrar el porvenir. 

Deleitada con esta obra, me colmé de emociones que no sabía que existían. Profundamente agradecida, evoco un fragmento de Augusto Roa Bastos en su novela Hijo de hombre:

“De repente las viejas semillas prenden otra vez por los agujeros que abren las lluvias…, o los gusanos, y echan por ahí todo su vicio.  El hombre también.”

Valorando la seriedad del Teatro Popular, ese que sabe que el lado correcto es el que incluye al otro, celebro esta obra que enaltece el sentido profundo de ser del Pueblo, y sostiene su producción sorteando las dificultades apoyándose en la construcción colectiva.

Ficha técnica

Dramaturgia y dirección

Mauricio Kartún

Actúan

Claudio Martínez Bel- Caín

Claudio Da Passano/Tony Lestingi – Abel

Rafael Bruza- Tatita 

Escenografía y vestuario

Gabriela A. Fernández

Iluminación

Leandra Rodríguez

Diseño sonoro

Eliana Liuni

Fotografía

Malena Figó

Asistencia de escenografía y vestuario

María Laura Voskian

Realización escenográfica

Gonzalo Palavecino

Lucía Garamuño

Realización de vestuario

Mirta Miravalle

Tapicería

Hugo Cheres

Prensa

Daniel Franco

Paula Simkin

Asistencia de dirección

Alan Darling

 

Terrenal se presenta de Jueves a Domingo en el Teatro del Pueblo

Av. Roque Sáenz Peña 943, CABA.

Entradas acá: http://publico.alternativateatral.com/localidades.asp?id=32723&o=15

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AndreaBoq

One Reply to “Terrenal. Pequeño misterio ácrata”

  1. No he visto la obra, pero acabo de leer tu reseña y me parece magistral. De una profundidad deliciosa.

    “…dejando los sentidos condensados en el aire. El público levanta la cabeza para respirarlos. Comprende la adjetivación del misterio: ácrata. Para el Pueblo lo que es del Pueblo.”

    Me encantó esto.
    Gracias.

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