Rancia soledad

Ante la viralización de un  video en el que se expone una situación de abuso ocurrida dos años atrás, la única chica que participó del hecho salió a dar sus explicaciones.
Buscando aclarar el panorama, con fuerte angustia y vergüenza, explicó que estas cosas “nos pasan a todos” y que ella ” no es lo que se ve en el video
Su testimonio me interpeló por todo lo que soy: mujer, mamá, feminista, docente.
Pero principalmente porque sufrí los suficientes abusos como para aprender a reconocerlos.

Infinitas apoyadas, gritos en la calle, una inolvidable tocada de culo de un automovilista mientras yo andaba en bicicleta (corrí a ese forro con todas mis fuerzas y mis lágrimas, pero no lo alcancé), un vecino que consideró natural meter mi mano de nena de 14 años en sus pantalones. Y no se lo pude contar ni a mi mamá: qué vergüenza, lo veía todos los días desde mi ventana.  (¿Qué hacía yo en su negocio…estaba buscando algo, no me di cuenta de que no era un lugar apropiado para mí?)
La soledad de lo rancio.
Mi identificación con esa chica que defiende su inocencia desde la negación del abuso me lleva a abrazarla, a hacer mías sus palabras, a sostener la convicción de que con su borrachera habilitó conductas inapropiadas.
La abrazo y quiero que pensemos juntas en lo que vivimos a diario.
Jamás juzgaría a una adolescente que va a una fiesta.

Ni a la que quiere tener sexo con quien se le antoje.

Ni a la que elige una minifalda que le queda genial o le queda como el orto, o se le ve un poco el mismo.

No es eso lo que importa.

Lo que importa es que somos re progre y seguimos pasando  los años enseñando a las chicas a cubrirse.

Porque el miedo es la batalla cultural perdida.

Es la carta mejor jugada del patriarcado.

Es la certeza de ser responsables de despertar el instinto depravado del macho. 
Escuché en una escuela: es natural que a un profesor le pasen cosas (con alumnas de 12 a 15 años) si las chicas están en malla.
Por supuesto que lo es.
Es natural morirse también
Es natural que los pobres no coman
Es natural que no haya agua potable
Es natural que las fábricas cierren y despidan a los trabajadores.

Tal vez el problema está en que lo natural no es sinónimo de lo bueno.
Tal vez desnaturalizar pueda hacer que nos incomodemos tanto que tengamos que empezar a pensar que lo que nos dieron por bueno es basura, y que quienes no lo entienden son cómplices.
Que si una chica desaparece no hay que aclarar que “es buena, no va a boliches, no tiene vicios“, porque no debe desaparecer ninguna, aunque sean las 5 de la mañana y esté borracha.

Porque ninguna debe ser expuesta a la desgarradora sensación de no ser respetada.

Recae sobre nosotros y nosotras (lxs de las generaciones que intentamos aprender a ver de otro modo) la responsabilidad de escuchar a lxs pibxs que están gritando que no cambió un carajo, que lo de ni #NiUnaMenos está quedando en las consignas y las estampas.

 

No alcanza con resignificar el rosa y el celeste, no alcanza con que el nene juegue con muñecas, no alcanza con que la nena tenga una pelota, no alcanza la pose que nos hace pensar que estamos criando un sujeto libre, compasivo y empático, dejándonos más tranquilos.

Porque seguimos teniendo miedo.

Y le erramos al tiro yendo a lo superficial,  cuando en casa o en el barrio o en la escuela retamos a la piba por la selfie sexi, o por el short, porque nos seguimos diciendo conchuda despectivamente y la sororidad se nos va al carajo cuando hablamos de la trola esa.

Siento que hay una Revolución que se derrite.

Y como siempre los medios de comunicación juegan un papel elemental.

Internet es el medio de los medios.

Le tenemos miedo.

Es anónimo y nos pueden engañar.

Se divulga tanto la intimidad que los límites de lo público están desdibujados.

Todo eso.

 

Hace 30 años, cuando internet era una idea flashera de Ray Bradbury o alguno de esos, éramos manoseadas, violadas, acosadas y amedrentadas.

Pero sale más barato pensar que ahora es más difícil cuidar a las pibas por culpa de internet.

Comprendámonos, mujeres.  Escuchemos a la vecina que la pasó mal cuando en la escuela se la transaron de prepo y no lo pudo contar.  Preguntémosle a la que el novio le dijo que si lo dejaba se mataba. Recordemos el llanto de la que le juraba al marido que nunca más le iba a cocinar el churrasco tan seco.  Contemplemos a la mamá que le dice al hijo que tenga cuidado con la zorra de la mujer, que se maquilla tanto.

Podemos entender una realidad que sigue siendo contada a medias, o a cuartos, o a apenas.

Para que la sexualidad no sea producto de un abuso, el consentimiento debe ser absoluto.

No hay medias tintas en esa definición.

Abrazo a la piba de youtube, me abrazo a mí, agrando el abrazo para todas las que siguen pensando que no tenían que estar ahí porque permitieron que las cosas pasaran.

Y a los hombres y a las mujeres que se amparan en que esto es una exageración, los invito a ponerse en ese lugar en el que no se sabe lo que va a pasar, cuando osadamente tomamos un taxi y el conductor, espejo retrovisor mediante, nos pregunta: ¿estás solita? ¿dónde vas a esta hora?. O nos bajamos del bondi y uno se baja atrás nuestro y nos camina cerca.    O el ginecólogo nos dice que nos tiene que hacer un tacto sí o sí para controlar nuestra vagina.  Y mientras nos toca se toca.  O cuando embarazada nos gritan que mientras nos la ponen el bebé se las chupa.  Todo esto es solo una breve selección de cosas que me pasaron a mí, a la que escribe.

Ni una denuncia llegué a hacer ¿qué podría decir? Si a todas nos pasa.

Para que tenga sentido gritar vivas nos queremos, debemos estar vivas, querernos, no juzgarnos y aprender a respetarnos.

Cada una a si misma y entre todas a las demás.

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AndreaBoq

 

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