Parirte

A Lola, que ya llegó. Y a Cata, que vendrá.

I. Desnudez

Me miro al espejo. Esa panza deforme me hace creer que yo no soy yo. Mis facciones son otras, pi peso es otro. Redescubro olores, sabores, sensaciones. ¿Estoy cambiando? ¿Es el precio de ser habitada por otro ser?

Por primera vez me siento desnuda. Desnuda de verdad, como en los sueños. Desnuda y frágil. Estoy por quebrarme. Tengo miedo de algo que ya no puedo detener. Miedo a ser madre, miedo a que mi vida ya no vuelva a ser igual. Miedo al mandato. Miedo a estar acá solo por convención.

La panza crece, y no, ya no puedo volver atrás. Ahora pienso en él, en ella, en mi hijx. Tengo miedo de ser una madre mediocre. De lastimarlx, de hacerle daño. Definitivamente, no estoy preparada para ser mamá. Apenas puedo con mi vida… ¿cómo voy a poder con otra más?

Ahora tengo miedo al miedo. Un pánico que me hiela. Miedo a que sientas todo este miedo que no merecés. Tendría que estar sintiendo amor, mariposas en la panza. Y en cambio, tengo todas estas sensaciones encontradas. ¿Nacerás con traumas por todo este terror que siento?

Miedo a no volver a ser yo misma. Miedo a perder mi vida. Miedo por todo eso que debería sentir instantáneamente y no siento. Miedo a cómo se va a abrir mi vagina para que entres al mundo. Miedo al parto. Miedo a tu dolor, al mío. Miedo porque no sé lo que viene, y porque no lo sentí nunca.

Qué ganas de fumarme un pucho.

II. Poder

Mujer. Como yo. Dentro mío. “Nena”, dicen los médicos. Cada vez siento más tus movimientos. A veces empiezo a preguntarme, cómo será volver a ser solo una, sin vos creciendo dentro mío.

Algo cambió y no puedo explicarlo. Corren en mí, infinitas mujeres que dieron vida, y que hoy comparten conmigo su secreto. No hay libro, ni video ni conferencia que pueda explicarlo. Son sensaciones múltiples a las que me abro, y que están más allá de lo bueno y lo malo, del dolor y la alegría. Creo que aprendo, que soy infinitamente más sabia. Siento sus murmullos, sus quejas nocturnas, sus ganas de llorar cuando estaban solas, sus deseos imaginarios. Las vi solas en salas hospital, las vi tomadas de la mano, felices y aterradas, las vi inocentes con los pies en el río, las vi pujando en camas hediondas y en clínicas impecables. Las vi tan distintas, pero iguales en este tránsito milenario. En este saber que solo es experiencia. Que se desarma ante el más pequeño intento de transformarlo en palabras.

Hoy me siento poderosa, como nunca. Por mi amor extremo. Porque voy a parirte. Porque me transformo para que vengas. Porque yo ya soy otra, y también la misma.

III. Lucha

Falta poco. En menos de un mes ya vas a estar en nuestros brazos. El bolso, la ropa, tu cunita. Todxs esperándote. Cada vez tenés menos espacio. Vos también querés salir. ¿O más o menos?

Ahora, cuando escucho esas noticias cotidianas sobre cada chica que arrancan de este mundo, vuelvo a pensar en vos. En lo que sería capaz de hacer. En todo lo que haría por buscarte, por encontrarte, porque haya justicia. No, en realidad, no puedo ni siquiera imaginarlo. Me rompe por dentro pensar algo así. Toda esa fuerza, todo ese poder que tu vida me da, se transformaría en un dolor inimaginable.

Por eso pienso: LUCHA. Y la palabra toma todavía más sentido. Quiero luchar para que te respeten, a vos y a tus amigas. Para que puedas caminar por la calle sin sentirte insegura. Para que puedas viajar, sola o acompañada, y eso no signifique un enorme riesgo. Para que ames y seas amada en libertad absoluta. Para que tu deseo te lleve a donde quieras.

No estás sola, hijita mía. No lo vas a estar nunca. Somos muchas las que nos unimos para que este mundo sea posible.

Te prometo mi lucha, amorosa e incansable, para que seas feliz.

 

Mamá: Romina Romero

Texto: Ana Marangoni

Fotografía: Joaquín Feijoo

http://joaquinfeijoo.tumblr.com/

Maquillaje: Pamela Hyrhoraszromi emba 2

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