Lo inconcluso

Puro vapor alrededor

la sensación me confunde,

ya no sé si estoy llorando

o es el agua de la nube.”

Alpa Puyo

 

Baldosas grises, cielo gris, campera gris. Una suerte de humedad condensada que enturbia la vista casi imperceptiblemente. Un silencio de domingo frío que solo las calles de barrio conocen.

Mis pasos titubean, aletargando el destino. Un andar de domingo -pienso- pero también un andar de duda. Camino por las calles de la infancia y me resultan conocidas, pero ya lejanas. La literalidad de la frase se manifiesta como verdad inquebrantable. Estas calles ya no me abrazan, ya no pueden decirme más, un diálogo posible se cerró entre ellas y yo.

Camino entre la bruma exterior e interior que no pretendo distinguir. La sensación perdura: ambivalencia. Una ambigüedad que quiero diseccionar por un rato, mientras el gris me tapa por completo. Intuyo que ni siquiera soy visible. Igual no hay nadie, asíque.

Esa sensación de ambivalencia, ¿podré arrancarla de mí? ¿Y si le compongo unas rimas, un tanguito, un blues llorón? ¿Cuánto nos animamos a ahondar en ese pusilánime sentimiento (pero no tanto)? Aquel que nos deja en una metáfora espacial siempre de medio camino. Aquel por el que nunca terminamos: esa novela que sería un boom editorial, las clases de violín o piano, el libro gordo que nos mira con enojo desde un estante casero de biblioteca.

Camino entre una bruma ya casi sobrenatural, tanteando a ciegas el suelo con mis pasos aletargados, hasta que en un rectángulo de cemento (de esos que resuelven con pragmatismo el agujero que dejó  alguna vez una baldosa) leo lo siguiente: MART.

¿Mart? ¿Qué quiso decir esapersonaqueescribióeso? ¿Era un mensaje en clave? ¿Cada letra significa algo? Probemos: “mañana alguien reirá también”. Muy cursi. “María (te) amo Rodriguez Larreta” (¿?). “Me amo re trola”(¿????).

¿Y si la persona que lo escribió tiene faltas de ortografía? Podría haber querido decir: “me (h)ago revolucionaria torta”.  Esta hipótesis es  un poco jugada, lo sé.

Puede que quien empuñó la rama de árbol (¿acaso el cemento húmedo se profana de otro modo?) renunció al sentido definitivamente, se perdió al igual que yo, en la bruma, pero la atravesó definitivamente. Quedaron apenas unas palabras que ya no pueden significar nada.

¿Y si esapersona quiso escribir una palabra pero algo, alguien (seguro alguna vecina botona), alguna interrupción (¿llegó justo el cartero?), impidió completar su mensaje? AMARTE, MARTE.

Marte. Planeta a dónde va a parar todo aquello que no se concluye. Metáfora del piso que jamás pudo ser pisado por los pies colonizadores astronautas. Promesa de lo que no llegó, y por lo tanto, pasa a la lista del definitivo TAL VEZ.

Planeta donde se acumula todo aquello que no nos atrevimos a decir. Gestos a medias replegados en la expresión de una ceja, unos labios temblorosos, una mano que se encogió por unos segundos. Lugares a los que no fuimos. Salidas que cancelamos. Respuestas, preguntas, que jamás llegaron a destino. Palabras que no quisimos, no pudimos decir. Cosas que creímos importantes, pero aun así dejamos de lado.

Hoy ni siquiera puedo saber quiero ir a Marte. Si deseo encontrarme con mi paquete cosas a medio hacer. Con ese bulto que debe ocupar un continente entero, y que de tan enorme me parecería absurdo. ¿Y si encontrara en Marte todo aquello que también esperé, pero no llegó? ¿Y si descubro que lo que no llegó, es porque nunca quiso?

Tal vez, por algo no hemos llegado a Marte. Acaso una sabiduría intergaláctica se interpone entre nosotros y aquello que hemos querido o podido hacer y no hicimos. ¿Pero…y si hubiera…? ¿Y si…?

Mis pasos siguieron su curso, mientras el planeta se me representaba cada vez más lejano. Entonces, algo mágico empezó a suceder. Porque la bruma, de a poco, comenzó a deshacerse. Comencé a reconocer a las casitas bajas con sus árboles centinelas, con su simpleza invalorada. Miré hacia el cénit y alcancé a ver: un pedazo de cielo que se desprendía del parche gris. Casi como una pequeña certeza, que se asomaba para mí.

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