Memoria impredecible

No me siento orgullosa de ser tan predecible para el teclado predictivo de mi celular

El registro de los términos que utilizo con frecuencia me aleja de mis anhelos de escritora creativa.

Una palabra abre el camino al recorrido de siempre: saludos, consultas, preocupaciones. Siempre digo lo mismo.

Es que sale tan barato tocar  la pantallita y ser interpretada por el sistema…aunque a veces no logre decir jusssto lo que pensaba.

En un acto de profunda rebeldía, cuando no estoy apurada, redacto mis mensajes respetando a rajatabla la gramática y la puntuación.  Esto incluye, ya colocándome en nivel pro, los signitos que abren la pregunta o exclamación.

Y así, el rechazo a la satánica opción de palabras resueltas me lleva a tipear letra por letra.  Y, oh contradicción, escribo peor.

Laburo, por caso, es una palabra muy usada por mí pero a la que la predicción se resiste y me la quiere reemplazar a toda costa, y así, en una distracción, termino escribiendo “labfto”, “la foto”, o algo por el estilo, desvirtuando mi mensaje e irritando mi paciencia: ¡predictivo de mierrrda!

Paradoja de identidad, mi deseo de escribir genuinamente me lleva a decir incoherencias.

Algo parecido me sucede manejando, porque los caminos conocidos me dan una especie de garantía que me hace sentir taaan tranquila

Ay cuando una calle está cortada

Crisis

Y por supuesto creo que esto no es casual, es más bien una gran metáfora: cuando una calle está inhabilitada (por ejemplo porque la están repavimentando por cuarta vez en el año), la alternativa invariablemente me trae problemas.

Confieso no ser una experta en ubicación, pero cuando quiero jugármela por la paralela, un camión corta la calle porque descarga mercadería, justo se armó una feria en el barrio, casualmente están podando los árboles.  Todo así.

Y me zambullo en un pequeño estado de pánico que se resuelve tras muchas vueltas y llegadas tarde.

Escribir y manejar son acciones que requieren tres dones como mínimo: atención, paciencia y creatividad.

Memoria también, pero a esa la podemos reemplazar con las propuestas que nos habilita la tecnología, aunque eso tiene un precio: por no recordar ningún número de teléfono, por ejemplo, sin celular nos convertimos en náufragos huérfanos sin amigos.

O por el uso indiscriminado del GPS para llegar ciegamente a cualquier lado se genera la entrega absoluta de quien conduce y su tripulación. Me declaro culpable.  Sobre todo cuando me olvidé de actualizarlo y me manda a subir a la autopista por un acceso que ya no existe.   Puf, una bocha de kilómetros desperdiciados.  Y eso que sabía eh, pero bue no me acordé.

Predicciones o tradiciones, nos dejamos conducir por algo o alguien que intuye hacia dónde van nuestras intenciones.

Así que teniendo estas consideraciones sobrevolando mi cabeza miré un poco a mi alrededor y descubrí que tengo la radio siempre en la misma sintonía, los mismos productos en la alacena, heladera y freezer, lo que me lleva a cocinar habitualmente lo mismo.  El mate con miel en el bordecito.  (El mismísimo mate de madera que no cambiaré jamás)  Mi historial de google de hoy es un calco del de ayer.  Me voy a dormir y preparo el vaso de agua, los pañuelitos y dejo el celu cargando.  No me toquen nada de eso que me vuelvo loca.

Exceptuando el arte, que me encanta explorar y descubrir, el resto va todo condicionadito por elecciones y propuestas ajenas.

(Me indignan estas preocupaciones porque me obligan a accionar al respecto, y mis ex consideraciones se resignifican)

En el bar, no tener que pedir el cortado con una medialuna me alegraba, por eso de la pertenencia, porque el mozo me trae “lo de siempre” y me guiña el ojo.

Ahora estoy pensando que le podría pedir un café con crema, o un cappuccino (¡qué osadía!)

O mejor (pero tuve que pensarlo para que se me ocurra)

Voy a agarrar el auto para salir a buscar un bar nuevo

Me pierdo tranquila por los barrios matanceros

Aparezco como una dama enigmática que nadie sabe qué va a pedir y así me reformulo impredecible, sin buscar, pero sabiendo que algo voy a encontrar.

Y quizás este esfuerzo por no estar tan restringida por mi propia cabecita me habilita enormes descubrimientos, quién sabe.

-Creo que para ser auténticamente yo, necesito romper con un supuesto de mí-

A la mierda el predictivo, de hoy en adelante voy a mandar mensajes de voz.

 

 

 

One Reply to “Memoria impredecible”

  1. ¡Jajajajaja…! Ni pongo, ni quito. ¡Qué genia que sos! Me mató lo del café… Jajaja

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