Militancia del borde: la generación del ´80

Los que nacimos en los ´80 pertenecemos a una generación medio del margen.

Por estos días discurrimos sobre los derechos cercenados y las acciones pertinentes que deberíamos ejecutar, nos burlamos de conceptos abstractos o retrógrados, hasta le empezamos a desconfiar al psicoanálisis y sus preceptos rígidos después de taaantos años de diván.

Política amor libertad igualdad etc., encarnamos una juventud valiente y activa.

Peeeeero ya no somos tan pibes para eso de la liberación y nos enfrentamos con algunas dificultades: un poquito aburguesados, un poquito decepcionados, medio cansados (tenemos casi 40, estamos en la edad más productiva para los estándares de Occidente) súper alineados y alienados con las nuevas tecnologías: aprendemos a hacer cosas con videos de You Tube, googleamos recetas veganas y trampeamos por wathsapp.

Nos tocó ser bisagra y a mucha honra: a nuestros viejos les enseñamos nosotros y (aún) no necesitamos que nuestros hijos nos enseñen.

De hecho hasta elegimos si tener hijos o no, qué tanta cosa de imposición cultural: a los 30 recién empezamos a vivir y no vamos a cortar nuestras alas con bebés.

Aunque se forman y reforman las familias, entendemos que la libertad del sujeto no debería corromperse sólo porque hay criaturitas.

Le imprimimos alta ideología a nuestro día a día: crecimos con la moda de la ecología y no tiramos un papelito a la calle,  eso es un orgullo generacional.  Aunque lo de separar la basura todavía nos excede.

La comida chatarra que en los ´90 nos deslumbró con su sabor adictivo y su practicidad ya casi no nos conmueve: elegimos cereales y pasas de uva.

Y si eventualmente caemos en un templo del capitalismo (no somos el Che, ché) a veces pedimos ensalada en lugar de papafritas: ¡alimentación saludable!

Si hay hijos se agrava la contradicción:

Basta de tele (obsoleta) y viva leer.  No importa que no entiendas nada a tus 10 años…ya me lo vas a agradecer: te dejo La divina comedia en la mesita de luz.

El temita del celular compu tablet está sujeto a negociación, no me copa que lo uses tanto pero bue, si te entretiene cuando yo necesito estar tranquila, te lo doy.

Te voy a hacer escuchar la nueva trova cubana de los ´70, que con eso yo entendí qué era la justicia social.

No, no siempre es un ritmo divertido

No, no siempre la música tiene  que ser tan jodona

¡No! ¡No te estoy diciendo que bailes Silvio Rodriguez! Digo que si vas a escuchar esa música de ahora entiendas lo que te está diciendo: nadie quiere látigo ni chingar siempre que Maluma dice.  (Uh…¿estamos tarareando “Despacito”?)

(Oh, alejamiento intelectual transgeneracional.  Y eso que nosotros bailábamos con Los chakales: “quédate aquí o vete de mi lado”.  Dos pasitos para aquí y dos para allá)

Los adultos clase ´80 queremos informarnos, es  nuestra responsabilidad para entender qué nos dicen y qué se oculta.

Porque fuimos adolescentes en una época de silencio y apatía, y si bien tuvimos un fogoso amor de algunos años (que acabó reencendiendo carboncitos de militancia) habíamos pasado mucho tiempo desconfiando si era mejor No pagar la deuda o Estar mal pero ir bien. Lo único claro era que con la democracia, se come, se cura y se educa.

Vivimos un surgimiento de la conciencia anti patriarcado que nos movilizó y por eso quisimos ser libres para amar, qué importa a quién, si lo que tiene que ocurrir es que fluya.

Vimos aparecer muchos nietos, encontrándonos en el límite de los que dejaron su vida en la militancia y los que se criaron sin ningún interés político.

Yo, que nací con Videla, entré al jardín con Alfonsín.

En mi casa hubo un póster de Fidel, pero también electrodomésticos importados, imanes en la heladera y confort. (No llegamos a los viajes a Miami, eso jamás)

Y aunque estaba cómoda en el depto me resultó necesario agitar el pañuelo, plantar la bandera, sumarme a la plaza: fui sintiendo una energía militante que me hizo ver signada por la Revolución.

Pero no

Después parí algunas veces, me reconstruí como ciudadana, me vi burguesita y recordé con ternura mi época hippie guitarra en mano y sombrero pintado con margaritas.

Empecé a ver crecer a los pibes, los míos y los de mi entorno, y ahí sí me sacudió la necesidad de alinearme a la Revolución verdadera.

Los de 30ypico de hoy estamos medio colgados de la  generación que nos sucede: sabemos que podemos darles información y explicarles algunas cosas…¡¡pero a ellos les sale decir TODES sin pensar!! Y amarse libremente de verdad.  Nos llevan siglos luz.

Y hablan de la organización política horizontal (no pierdan la ocasión de charlar con algún espécimen de centro de estudiantes secundario.  Son morfables)

Así que estamos tironeados por los atrevidos que nacieron más cerca del 2000 (hermanos hijos alumnos) que profesan qué bueno es vivir como si no hubiera mañana, y los de la generación anterior a la nuestra que de estas ya vivieron puf, ¿sabés cuántas?, y se la saben lunga.  Y nosotros orilleando porque los pibes nos tratan de usted pero los viejos nos desautorizan.

Creo que los más nuevos cuentan con recursos que nosotros no pudimos siquiera imaginar, y aunque no se aburren nunca (y bien sabemos que la filosofía y todo eso tan importante nació gracias al aburrimiento), tienen altas ideas que nos vienen a interpelar y nos dejan tintineando la cabecita.

Releo y pienso que me escudo en mis cogeneracionales para justificar mis intrigas.  Pero esta es mi única certeza (¡y nadie proclamó esto antes!): dudo.  Y si dudo existo.  No me siento aislada en esta percepción de que algo del futuro es nuestra responsabilidad y la vaga sensación de que lo que pudimos haber transformado en la dorada adolescencia ya pasó y no pasó nada.

Así que me siento muy representada por mi generación, por esto de ser orilleras: siempre al borde de una u otra cosa, nunca de cabeza en nada.  Ni siquiera en el progreso, como nuestros homónimos del 1800.

Estamos en el borde, y ahí, en los márgenes, hay mucha riqueza.

Quizás sea tiempo de explorar un poco y reivindicarnos como una  hermandad atomizada que anda en busca de referentes, juntarnos a tomar birra, brindar por la Revolución que será y esperar la crisis de los 40 para tirar la casa por la ventana.

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AndreaBoq

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