Deseo

Deseo, una sospecha de que no nos bastamos.
Algo que se saltea el capricho, y pide imperiosamente.
Deseo, oh, tumba del amor.
Deseo, cementerio infectado de zombis.

Deseo, una eyaculación larga y tendida, olorosa.
Una baba transparente que no dice nada sobre el otro.
Dos pezones ansiosos por ser succionados.
Ansiedad por poseer lo que no puede ser poseído.
Ansiedad, en general.
El infaltable culto al falo bien erecto.
Los aplausos subsiguientes, desmedidos, complacientes.
La vagina que chilla silenciosa su anonimato.
Un orgasmo que, de existir, debería ser discreto.

Deseo, un ángel sin alas que promete llevarnos a volar.
Su susurro disfónico de la felicidad.
Una raíz putrefacta incrustada en la concha.
Algo que crece desmedidamente, y nos hace sufrir.
Deseo, una nostalgia vestida de futuro.
Deseo, todas las elipsis, y por lo tanto, los secretos que sostienen el mundo.
Deseo, bifronte, mitad verdad, mitad mentira.
Deseo, árbol que se llamó del bien y del mal, otra vez lo dual.
Deseo, una patada voladora en la nuca.
La confirmación de que estamos vivos, aunque sea de un modo zombi.
Deseo, un coágulo en el cerebro que si explota nos mata, pero pide explotar.
Deseo, también, un tranvía llamado así.
Por Sasha

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